Zeitgeist: el Estado está de regreso

El vocablo alemán Zeitgeist que significa el “espíritu del tiempo” o los “signos de la era”, tiene relación con aquel ambiente cultural o intelectual, ético y político de cierta generación o período de la historia. Con anterioridad, estos “signos” eran accesibles sólo para ciertos notables, algo así como las maiores et meliores partes del Medioevo, en definitiva cierto grupo de privilegiados que fueron quienes definieron, interpretaron y, ciertamente, pronosticaron hacia dónde iría la sociedad.

Luego del crack de la bolsa de Nueva York en 1929, y el posterior auge que tuvieron las políticas keynesianas en la economía de posguerra, se garantizó que el naciente Estado social europeo comenzara a adquirir cada vez mayor centralidad en la sociedad, interviniéndola estatalmente a través de políticas fiscales y monetarias, así como de protección social. Por otro lado, en la misma Europa, también el Estado soviético, basado en la concepción leninista, fue una construcción social que posicionó al poder estatal en el ápice más elevado de la estructura social. En este sentido, tanto el destacado economista británico John Maynard Keynes, así como el intelectual comunista y líder bolchevique ruso Vladimir Iliich Lenin, son una suerte de maestros ascendidos del siglo XX que supieron interpretar y pronosticar los signos de la era, tanto en uno como en otro lado del mundo.

1973 no sólo fue un año complejo para Chile, sino que lo fue para el mundo entero, efectivamente la crisis del petróleo de ese año, que tiene su origen en la guerra del Yom Kippur entre Israel y Siria-Egipto, comienza a definir una era de auge creciente del laissez faire, la estanflación así como la “euroesclerosis” hizo que Milton Friedman pidiera a gritos menos Estado y más Mercado, logrando que las políticas de los países industrializados transitaran desde el keynesianismo de los sesentas al “monetarismo” de los setentas y ochentas. Este monetarismo, que comúnmente se denomina como neoliberalismo, jibarizó al Estado, siendo los países anglosajones, bajo las administraciones de Reagan y Thatcher, sus principales promocionadores. Todo parecía indicar que el monetarismo se coronaría con la caída del muro de Berlín y separación de la Unión Soviética, la última alternativa política de un Estado en cuanto actor social central, que aún quedaba hasta ese momento, sin embargo, el monetarismo entraría en debacle.

foto_naviDesde las ciencias sociales –exceptuando quizá la economía–, y previo a la caída del Muro de Berlín, se cuestionaba ya la notoria ausencia del Estado en asuntos sociales, ausencia que gran parte la disciplina económica había patrocinado. Así, dos brillantísimas mujeres, entre otros pocos académicos, supieron interpretar el devenir de la historia y adelantarse a su tiempo. La socióloga norteamericana Theda Skocpol en sus estudios plantea la necesidad de volver a mirar al Estado como un actor central en el desarrollo social, el cual debería ser crecientemente examinado, de este modo Skocpol editó en 1985 Bringing the State Back in en el que, junto a otros importantes académicos, analizaban precisamente al Estado. Al otro lado del atlántico, la socióloga alemana Renate Mayntz se planteaba la pregunta por la orientación –la famosa Steuerungsfrage–, la cual tiene relación precisamente con cuál es el tipo de función que tiene que cumplir el Estado en la sociedad actual, y si los dirigentes tienen las herramientas idóneas y realizan las prácticas adecuadas acordes a dar solución a los problemas sociales contemporáneos.

Hoy en día, a 20 años de la caída del Muro y con el advenimiento de un orden mundial multipolar, y en que la disciplina económica ha tendido a renegar en parte del “monetarismo talibán” que la atravesaba, más académicos han comenzado a interpretar adecuadamente –a mi juicio– el espíritu de los tiempos. En primer lugar Paul Krugman, premio Nobel de economía en 2008, viene pidiendo desde comienzos de la actual crisis económica más presencia del Estado, llegando incluso a criticar algo que era sagrado en Chile para los monetaristas, el sistema de AFPs, diciendo: “gracias a Dios que EE.UU. no adoptó el sistema chileno de pensiones”. En 2009, el premio Nobel de economía lo obtiene la politóloga Elinor Ostrom y el economista Oliver Williamson. Específicamente Ostrom, académica de la Universidad de Arizona, en sus investigaciones demuestra que la propiedad común es, por regla general, bien gestionada, derribando el mito de que debiese ser privatizada, así la función que le cabe al Estado en este contexto es de coordinar los conflictos que puedan sucederse, orientar soluciones, pero jamás ausentarse ni promocionar necesariamente la privatización.

Por otro lado, y en otro contexto, en Chile la sabiduría popular ha dado una gran lección y se ha ubicado en sintonía con la vasta tradición académica que mencioné anteriormente. La última encuesta ICSO de la Universidad Diego Portales muestra cómo los chilenos queremos más Estado, de tal modo que el porcentaje de acuerdo a las opciones: “que el Estado tenga empresas de utilidad pública”, “debería existir una AFP estatal”, “deberían haber más bancos estatales”, “el transporte público urbano debería estar en manos de una empresa estatal” y “todas las universidades privadas deberían pasar a ser parte del Estado”, crecieron sustancialmente del 2008 al 2009. En consecuencia, la opinión pública nacional parece que también ha sabido interpretar el Zeitgeist de nuestro tiempo, cuestión generalmente reservada para unos pocos. Y en este contexto, tampoco sorprende que a muy poco tiempo de la elección presidencial en Chile, la candidatura de derecha prometa un Estado más presente y regulador, actitud completamente extemporánea para ese sector político.

El Estado está de regreso y ha venido para quedarse, es una frase a la que deberemos acostumbrarnos. Claro está que no es el mismo Estado al que Weber, Gramsci o Althuser hacen referencia, ni al que los progresistas europeos occidentales ni soviéticos del Este quisieron construir, sino que es un Estado que interviene, sí, pero bajo la forma de coordinación u orientación de los distintos actores sociales, de modo que estimule la producción y produzca, regule el conflicto entre posiciones beligerantes, intervenga según sea necesario, y en que los dirigentes manejen este nuevo arte de gobernar, tanto para consensuar como para oponerse según sea la necesidad social. Nuevos nombres de académicos comenzarán a complementar a los clásicos –Mayntz, Willke, Kooiman, entre muchos otros– y nuevos conceptos ya hegemonizan la arena del debate académico: poder cooperativo, poder comunicativo, gobernanza, coordinación, redes de políticas públicas, entre tantos más. El espíritu de los tiempos hoy en día ya es otro, diferente al de mediados del siglo XX, el desafío está, simplemente, en comprenderlo –para los académicos– y guiarlo según sus posibilidades –para los políticos.

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En la foto: Prof. Dra. Renate Mayntz, Directora emérita del Max-Planck-Institut für Gesellschaftsforschung (Instituto Max Planck para el estudio de las sociedades)

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